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7 signos de que tu caballo necesita una revisión dental

Las patologías dentales en los caballos son muy frecuentes y existen algunos signos que nos pueden indicar que necesitan una revisión dental. Vamos a ver algunos de los más comunes: 


Si un caballo no gana peso o está adelgazando aun comiendo suficiente, puede ser un indicador de un problema odontológico. Puede no estar aprovechando la comida correctamente por falta de masticación debida al dolor que provocan las alteraciones dentales, por lo que, aunque reciba una dieta adecuada, no es capaz de asimilarla por completo.


Encontrar fibras de forraje en las heces de una longitud mayor a 3,6 mm podría indicar que no está masticando adecuadamente el forraje como para triturarlo todo lo necesario. Lo mismo ocurriría si encontramos bolas de forraje a medio masticar en el comedero o en el suelo, ya que son restos del alimento que no se ha podido masticar adecuadamente. 


Si le cuesta más comer forrajes secos pero se come bien la hierba fresca y/o el pienso, el caballo podría tener alguna patología dental ya que la hierba fresca es más blanda y requiere masticar menos por su alto contenido en agua, por lo que sería recomendable realizar una exploración odontológica. 


También puede ser otro motivo para hacer dicha exploración que el caballo tenga problemas digestivos como cólicos (especialmente impactaciones) u obstrucciones esofágicas. Esto se debe a que las partículas de alimento demasiado grandes, que no ha podido triturar por dolor en la boca, pueden obstruir cualquier parte del aparato digestivo. 


Alteraciones más sutiles como cambios anatómicos en la cara también nos pueden hacer sospechar de un problema dental. Si tiene abultamientos a los lados del hueso nasal o en las ramas de la mandíbula, podría tratarse de dientes de leche retenidos que están empujando al diente definitivo a crecer hacia el lado opuesto. Además, esto produce una deformación en las vías respiratorias que puede afectar negativamente durante el ejercicio. Por otro lado, si se le marca mucho la cresta facial, podríamos estar ante una falta de desarrollo de los músculos maseteros. Estos músculos son los que se encargan principalmente de la masticación por lo que, si el caballo tiene dolor dental, no masticará lo suficiente y no se desarrollarán adecuadamente. 

Los cambios de comportamiento durante la monta o pie a tierra también pueden ser un indicador de alteraciones dentales que requieren una evaluación. Si le cuesta más girar a un lado que al otro, cabecea o se bota, podría ser porque el dolor que causan las patologías orales puede manifestarse como incomodidad durante la monta. Sobre todo si llevan embocadura o la cabezada presiona en zonas de dolor. 


Por último, si le huele mal la boca o el aliento (halitosis), puede deberse a que los restos de alimentos parcialmente masticados se acumulan en la boca y pueden generar una infección. Además, si saliva más de lo normal (ptialismo) o babea (sialorrea), también estaría indicado explorar la boca porque el exceso de saliva es un mecanismo de defensa ante el dolor. 


En conclusión, ante cualquiera de estos signos (u otros) es muy importante acudir a un veterinario especializado en odontología para asegurarnos de que el equilibrado dental sea el correcto. También es importante adaptar la dieta en algunos de estos casos ya que puede ser un factor limitante para resolver el problema.

¿Es un problema dar mucha proteína?

Las necesidades nutricionales de proteína de un caballo deportivo son mayores que las de uno que no trabaja, pero ¿supone algún problema dar más cantidad de la que necesita?


El metabolismo para usar las proteínas como fuente de energía es muy ineficiente, por lo que se libera y pierde mucha energía en forma de calor durante el proceso, que podría aumentar la temperatura corporal del caballo. Aunque no supone un gran problema para la mayoría de caballos a no ser que trabajen de forma intensa durante mucho tiempo en ambientes calurosos y húmedos


Además, el exceso de proteína se debe eliminar del cuerpo en forma de urea ya que es tóxico, para lo que se necesita una gran cantidad de agua y energía porque se elimina por la orina y el sudor. Pero si los caballos tienen suficiente agua a libre disposición, no será un problema a no ser que trabaje de forma intensa durante mucho tiempo en ambientes calurosos y húmedos ya que podría deshidratarse. 


Si el caballo come más proteína de la que necesita, se eliminará el exceso principalmente por la orina en forma de urea, como hemos visto. Esta urea es convertida por las bacterias ambientales en amoniaco, un gas muy irritante para las vías respiratorias. Pero no supone un problema grave si el caballo vive en un ambiente limpio y bien ventilado. Si padeciera alguna enfermedad respiratoria como el asma, sí que podría ser un inconveniente. 


También debemos tener en cuenta que ese exceso de proteína que se elimina contamina el medio ambiente con nitrógeno acidificándolo y causando eutrofización. Dar más proteína de la necesaria es caro (si damos mucha proteína de mala calidad, que suele ser barata, el caballo no podrá usarla y la eliminará; si damos mucha proteína de buena calidad que, suele ser más cara, gastará la que necesite y el resto también lo eliminará, por lo que perderemos ese dinero y se contaminaría el medio ambiente). 


Es muy importante tener en cuenta que el exceso de proteína en la dieta no causa enfermedades por sí solo: ni daña los riñones o el hígado ni es el origen de las enfermedades ortopédicas del desarrollo. Pero a algunos caballos les pueden salir unos nódulos con descamación en la piel (protein bumps) que suelen desaparecer al bajar la proteína en la dieta, aunque no se sabe todavía si el motivo es por el exceso de proteína o por una reacción alérgica a la misma. 


Por tanto, aunque existen recomendaciones máximas de proteína en la dieta de los caballos (especialmente de deporte), normalmente ingieren mucho más simplemente por comer forraje de buena calidad y no supone un problema de salud si están sanos, pero tampoco aporta ningún beneficio. La excepción la encontramos en caballos que padecen alguna enfermedad respiratoria como el asma o si tienen problemas renales o hepáticos, ya que un exceso podría sobrecargar estos dos órganos que están implicados en su metabolismo o las vías respiratorias, por lo que deberían comer exactamente la cantidad que necesiten, ni más, ni menos.

¡Sí! Puedes montar a tu potro de 2 años, según la ciencia

En la actualidad, existe un gran debate sobre cuándo empezar a montar o entrenar a un caballo basado en la cuestión de la madurez esquelética y el momento del cierre de las placas de crecimiento. Para optimizar el bienestar y la longevidad de los caballos en carreras y deportes, es importante combinar el ejercicio con el desarrollo musculoesquelético y la capacidad del sistema musculoesquelético para responder a la carga. La justificación para no ejercitar a los caballos a cierta edad contradice a la evidencia científica y utiliza generalizaciones incorrectas del crecimiento humano. Además, no se tienen en cuenta los estudios que demuestran los efectos positivos que tiene el ejercicio temprano en la reducción de lesiones y el desarrollo del sistema musculoesquelético de los caballos.


El crecimiento en todos los mamíferos sigue un patrón similar, sin embargo difiere en el tiempo (edad) de las diferentes fases de crecimiento, así como en el proceso de maduración del sistema musculoesquelético, el cual está fuertemente influenciado por el nicho ecológico en el que la especie ha evolucionado. 


En los humanos, el crecimiento se clasifica en tres etapas: crecimiento infantil rápido (nacimiento a 3 años), fase de la infancia (período más lento de crecimiento constante, 3- 12 años) y la pubertad (con el crecimiento acelerado posterior a la pubertad, 12-18 años) seguido por la desaceleración del crecimiento hasta la madurez (a partir de 18 años).


Debido a que el caballo ha evolucionado como un herbívoro corredor precoz para evitar la depredación huyendo y ser capaz de cubrir grandes distancias, el potro nace con un sistema musculoesquelético muy desarrollado. Por tanto, estos períodos de desarrollo se encuentran concentrados en los primeros 2 años de vida y se completan muy temprano.  


El caballo completa el equivalente al crecimiento infantil rápido humano al destete (4 a 6 meses de edad), es durante este período cuando se produce el crecimiento longitudinal más rápido de las extremidades distales de los caballos y el aumento del peso corporal, con un rápido desarrollo de la masa muscular. Aproximadamente a los 11 meses de edad, completa el equivalente a la fase de la infancia y entra en la pubertad, al finalizar esta fase de crecimiento, la mayoría de las placas de crecimiento distales al carpo y el corvejón tienen evidencia radiográfica de osificación. A los 2 años, el caballo ha alcanzado la mayoría de las medidas de madurez, incluida la estabilización de la alzada, el cierre de las placas de crecimiento y las proporciones adultas de longitud del dorso : alzada y longitud de las extremidades : alzada. 


El peso vivo es el método más utilizado para describir el crecimiento y desarrollo en el caballo. A los 2 años han alcanzado el 96% de su peso vivo maduro. La altura a la cruz tiene una curva de crecimiento similar a la del peso corporal. Al nacer, un potro tiene aproximadamente el 60% de la altura adulta. A los 2 años de edad, el potro casi habrá duplicado su altura, y la mayor parte de este crecimiento se logrará mediante el crecimiento longitudinal en las extremidades proximales y el tórax, alcanzando el 98% de la altura a la cruz madura. 


Además, el crecimiento de la altura a la cruz proporciona un indicador fiable del crecimiento de la columna vertebral. Al nacer, la relación entre la longitud de la espalda y la altura de la cruz es de aproximadamente 0,8:1, a los 12 meses es de 0,93:1 y a los 18 meses de edad es de 0,99:1. Estos datos, en asociación con los tiempos de cierre de las placas de crecimiento vertebrales, indican que el crecimiento longitudinal en la columna cesa alrededor del momento en que cesa el crecimiento de la altura a la cruz.


La maduración esquelética se define como el cese del crecimiento longitudinal de los huesos, pero dependiendo de su ubicación, seguirán teniendo un crecimiento aposicional (en anchura) incluso una vez que haya cesado el crecimiento longitudinal en respuesta a las cargas. Después de la pubertad, existe un crecimiento óseo aposicional continuo en respuesta a la carga, pero usando una variedad de medidas para definir la finalización del crecimiento y de acuerdo con la mayoría de las definiciones de desarrollo esquelético, la madurez en el caballo se alcanza a los 2 años, habiendo poca variación en la edad de madurez entre las diferentes razas de caballos. 


En resumen, los caballos y los humanos tienen patrones de crecimiento similares, pero en el caballo, las fases están restringidas a los dos primeros años de vida. Teniendo en cuenta las medidas de crecimiento y madurez de los huesos, la mayor parte del crecimiento se completa antes de que el caballo tenga dos años. Desde un punto de vista del desarrollo musculoesquelético, las prácticas actuales de la industria de carreras y del entrenamiento de caballos de 2 años, están alineadas con el potencial de desarrollo y la programación evolutiva de los caballos. La programación evolutiva hace que el caballo sea capaz de realizar actividad atlética y ser usado en el deporte relativamente temprano en la vida. Empezar el ejercicio a los 2 años, genera un sistema musculoesquelético más fuerte y mejora la longevidad y salud en el ejercicio reduciendo el riesgo de lesiones, en comparación con los que empiezan más tarde.


Para optimizar el bienestar y la longevidad de los caballos en el deporte, es importante combinar el ejercicio con el adecuado desarrollo de todo el sistema musculoesquelético y su capacidad para responder y soportar la carga. Queda todavía por responder si puede tener alguna implicación etológica no antropomórfica.

¿Puedo dar de comer a mi caballo antes del ejercicio?

Sí, puedes y debes. Pero antes de explicarte la forma correcta, debemos saber que el momento en el que se dé y la composición de la comida consumida antes del ejercicio puede influir en la salud y la actividad deportiva de los caballos alterando el equilibrio de los fluidos corporales, la distribución de la sangre (reduce la llegada a los pulmones y músculos locomotores), el metabolismo y creando disconfort mecánico por el llenado del aparato digestivo.


La hiperglucemia e hiperinsulinemia asociada a la digestión y absorción de cereales o alimentos ricos en azúcares afecta a la mezcla de sustancias químicas utilizadas durante el ejercicio. El aumento de las concentraciones de insulina promueve el almacenamiento de energía e inhibe la lipólisis (ruptura y liberación de las grasas) y por lo tanto la movilización de ácidos grasos. Por tanto, esta respuesta metabólica se encuentra en conflicto con la necesidad de movilizar reservas de energía para la síntesis de ATP (molécula que aporta la energía en las reacciones químicas del organismo) en la contracción muscular. Se suprime la disponibilidad de usar las grasas como fuente de energía, aumentando el uso de las reservas de carbohidratos y la glucosa sanguínea, pudiendo perjudicar el ejercicio prolongado cuando se consuman todas. La concentración más alta de insulina se alcanza a los 120-180 min tras una ración rica en azúcares y puede no volver a los valores base hasta 3-4 h después. 


El tamaño/volumen de la toma antes del ejercicio se debe considerar también. Raciones grandes de heno, concentrado o su combinación no deberían darse 3-4 h antes del ejercicio ya que reducen el volumen de la sangre porque parte del agua que la compone se deriva al intestino, lo que puede comprometer la función cardiovascular durante el ejercicio. Un estómago muy lleno puede reducir la capacidad de expansión pulmonar durante el ejercicio impidiendo que el caballo se oxigene adecuadamente y las molestias intestinales por raciones inapropiadas pueden tener un efecto perjudicial también. Además, después de comer, el flujo sanguíneo se deriva hacia el aparato digestivo para permitir que los productos de la digestión sean adecuadamente usados. Esto puede reducir el flujo sanguíneo a los pulmones y músculos respiratorios y locomotores perjudicando su función y a otros tejidos como la piel impidiendo una correcta termorregulación. Por último, el consumo de forraje a libre disposición, sin control, 12-24h antes del ejercicio afecta negativamente al rendimiento deportivo por el llenado del aparato digestivo al aumentar el peso, especialmente si no están acostumbrados a esta ración o comen forrajes de poca digestibilidad. 


Por tanto, la alimentación antes del ejercicio debería estar completada 3-4 h antes del inicio y la cantidad de azúcar y almidón no superar 1 g/kg/toma. Tomas pequeñas (<2 kg) de forraje 2-3 horas antes del ejercicio es poco probable que afecten a la disponibilidad de los nutrientes. Pero si superan 1 g de almidón y azúcar/kg de peso vivo, aceleran el consumo de carbohidratos y disminuyen la disponibilidad de grasas perjudicando los ejercicios de resistencia. Por tanto, para maximizar el rendimiento deportivo de tu caballo y evitar problemas de salud, se debe: 


  • Limitar la cantidad de concentrado a < 1 kg/500 kg de peso vivo e idealmente no darlo 2-3h antes del ejercicio. 


  • Dar < 1 g/kg PV de azúcar y almidón antes del ejercicio. Si se dan muchos carbohidratos las 3 horas antes del ejercicio, se reduce la capacidad de utilizar la grasa como fuente de energía, perjudicando los ejercicios de resistencia. 


  • Dar 1-2 kg de forraje para un caballo de 500 kg en slow feeder 2-3 horas antes del ejercicio para promover que mastique más despacio y produzca saliva, reduciendo así el riesgo de úlceras gástricas, sin llenar en exceso el aparato digestivo.


  • El uso de alfalfa como forraje antes del ejercicio es beneficioso para reducir el riesgo de úlceras gástricas asociadas al ejercicio combinada al 50% con heno. 


  • Evitar usar cama de viruta o paja mientras se restrinja la alimentación antes del ejercicio para evitar que se la coma y disminuir el riesgo de cólicos. 


  • Evitar cambios abruptos de su alimentación habitual para reducir el riesgo de cólicos.